Aunque la placa de bruxismo está hecha para durar, no es un dispositivo permanente. Con el uso diario recibe toda la fuerza que antes recibían tus dientes, así que con el tiempo puede marcarse, aflojarse o perder algo de estabilidad. Saber cuándo cambiarla es importante para que siga protegiendo tu sonrisa como el primer día.
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Cambios de ajuste, fisuras o marcas profundas persistentes. Si empiezas a ver surcos muy marcados o la placa ya no queda firme, es señal de desgaste.
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Molestias nuevas al colocarla o retirarla. La placa no debe doler; si roza o presiona en zonas que antes no presionaba, requiere revisión.
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Recomendación del odontólogo tras tu revisión periódica. En los controles valoramos el estado del material y te indicamos si conviene hacer una nueva para seguir cuidando tus dientes.